El silencio reinaba, las hojas de coca fueron lanzadas en el manto inca y la mujer de los cabellos de plata inició el ritual rindiendo homenaje a la pachamama*, invocando a los espíritus del ande.

El olor a tabaco e incienso lo envolvieron todo y los ojos que todo lo ven, repitieron con insistencia, el destino estaba escrito de esa forma no hay nada que puedas cambiar. Las hojas me muestran caminos sinuosos.

Todo lo que me ha tocado vivir, han hecho de mí la persona que soy, las cicatrices están ahí para recordarme mis grandes batallas. No hay mal que por bien no venga, me quedé pensando…

*Pachamama: Madre Tierra en Quechua

روتزه

Pachamama

   

17 comentarios

  1. Yo soy partidario de que las cicatrices no desaparezcan, pues como bien dices, nos recuerdan nuestras batallas. Esas batallas de las que ha veces salimos victoriosos y otras vencidos, pero en las que tenemos que continuar.
    Un besote y feliz noche.

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