Tras su recorrido a través de la jungla. El ave de plumas azules se detuvo en el edificio dorado de la pequeña isla en medio del lago y yo contemplaba desde las orillas de aguas cristalinas: La ciudad perdida. No era una leyenda, ahí la tenía frente a mis ojos.

Edificios altos y solemnes con paredes revestidas en oro y piedras preciosas, relucientes con la luz del imponente sol. Era tal como imaginé. Inaccesible y camuflada por el bosque lluvioso.
Ahí te presentaste, frente a mis ojos, con una sonrisa de esas que había olvidado y tus ojos verdes que me dieron la alegría de contemplarte una vez más.
Señalaste con tus dedos para que yo pudiera observar. 
Mi mirada se centró en el brillo de tu mejilla; te sonreí y juntos contemplamos la majestuosidad de aquella ciudad.


“La vida es un espectáculo imperdible”

روتزه

El Paititi

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