Caminaba sin rumbo, en medio de un bosque desolado, con el sonido de hojarasca bajo mis pies.

Unas risas inundaron el lugar, me quede muy quieta por un instante, y tuve la certeza que debía encontrar una mano amiga, debía seguir el sonido de aquellas voces y pedir ayuda. Di unos pasos vacilantes y las risas eran más evidentes.

Me detuve en unos arbustos, a tomar un respiro y de pronto me vi distraída al ver a dos bellas y pálidas criaturas.

Eran ninfas gemelas que estaban vestidas de oro y coronadas de estrellas, no supe que hacer, y solo acerté a esconderme entre los arbustos.

El viento resonó como una melodía y las ninfas se quedaron quietas, como si no respiraran, como si se trataran de figuras de cera. Y en perfecta sincronía se pusieron una frente a la otra, para ponerse de rodillas como si se tratara de un ritual. Y entonces ellas centraron sus grandes ojos en unos discos color plata, que yacían en el suelo al medio de ambas.

La música del viento se hizo más intensa y los ojos de las hadas emitieron un intenso brillo. Sentí un fuerte martilleo en el pecho al ver que los discos giraron y levitaron ante mi incrédula mirada. Y una voz resonó dentro de mí, como el cantico de un ángel.

Todos poseen un poder desde el vientre de vuestras madres

Un poder que todos vosotros habéis olvidado.

Eso que tanto teméis y llamáis “muerte”

No es más que una puerta a la vida inmortal.

Hadas del bosque

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